UN CASTILLO EN LA PUERTA DE LAS BARDENAS

abril 15, 2019

SE RECUPERA EL ENCLAVE DEL ANTIGUO CASTILLO DE ARGUEDAS CONOCIDO COMO 

“BALCONICO DE LOS MOROS”

 



El Ayuntamiento de Arguedas ha realizado una primera intervención en el antiguo Castillo  de Arguedas, conocido popularmente como el Balconico de Los Moros, con el objetivo de recuperar y poner en valor este importante elemento del patrimonio histórico de Arguedas y de Navarra, como recurso cultural y turístico.

Se ha mejorado el acceso y la seguridad del enclave; y además se ha trabajado en ampliar el conocimiento sobre la fortaleza, con la realización de distintas zonas de excavación y el diseño y la elaboración de un hito, dos carteles interpretativos y un folleto divulgativo.

La intervención la ha ejecutado la empresa QarK arqueología SL, con la colaboración del arqueólogo tudelano Luis Navas, que también han realizado una propuesta de las actuaciones a seguir en el futuro para continuar con la recuperación del castillo.

El proyecto se ha cofinanciado en un 80% del coste con  fondos europeos y del Gobierno de Navarra de las Ayudas de la Estrategia de Desarrollo Rural del Programa de Desarrollo Rural de Navarra, gestionado por el Consorcio EDER.

Recreación Castillo de Arguedas

Defender el territorio, su población y recursos no fue empresa fácil en la Edad Media en unas tierras que primero fueron límite  entre la Frontera Superior de al-Andalus (aṯ-Ṯaḡr al-Aʿlà) y el Reino cristiano de Pamplona y que después en la Baja Edad Media fueron sometidas  a un continuo acoso por parte de los reinos vecinos de Castilla y Aragón.

En este afán de defensa y protección del territorio surge  una red de fortalezas comunicadas, entre las que se encuentra la de Arguedas, asociada al origen de la villa.

Ubicado, como es habitual, en un lugar elevado, el antiguo Castillo de Arguedas ocupa una planicie de yeso cercana al antiguo caserío, sobre la Iglesia de San Esteban, y a la que se accede por un empinado y sinuoso sendero desde la calle Barrio Nuevo del Casco Histórico de Arguedas. Sus constructores buscaron la defensa natural de los escarpes, barrancos, y donde estos no existían excavaron un foso, en el intento de hacerla inexpugnable.

Sobre ambos, escarpe y foso, se elevaron potentes muros y sólidas torres (hasta 5 torres chicas y la del homenaje según la documentación) de las que una mirada preparada puede distinguir alguno de sus vestigios. Fábricas y aparejos fueron combinándose y variando a lo largo de la dilatada vida del edificio: spicatum, mamposterías, sillerías  diversas… para ampliar, adaptar o reparar  la obra original de los daños ocasionados por la guerra o el tiempo.

Pero todos los cuidados y trabajos resultaron insuficientes a comienzos del siglo XVI, cuando ante el gran empuje de Castilla y los avances técnicos de la guerra, se produjo la conquista del territorio navarro y sus castillos, episodio que terminó con la destrucción de la mayoría de ellos. En el caso del de Arguedas en la primera campaña castellana de 1512.

Después de 5 siglos de destrucción, abandono y olvido, ni muchos de los propios vecinos y vecinas de Arguedas conocían la existencia del castillo, el Ayuntamiento de Arguedas encargo, en 2012, al arqueólogo tudelano Luis Navas, un primer informe para ordenar la información existente sobre la historia de la fortaleza, su importancia y unas primeras indicaciones sobre las actuaciones a realizar para su recuperación y puesta en valor. Aunque no ha sido hasta 2019 cuando que se ha podido afrontar la ejecución de los primeros pasos en este sentido.

El proyecto se ha cofinanciado en un 80% con  fondos europeos y del Gobierno de Navarra de las Ayudas de la Estrategia de Desarrollo Rural del Programa de Desarrollo Rural de Navarra, gestionado por el Consorcio EDER, completando el 20% restante del coste la propia corporación arguedana.

Las actuaciones se han realizado mediante una asistencia externa por la empresa QarK arqueología SL, con la colaboración del arqueólogo Luis Navas y con la supervisión de Príncipe de Viana.

Han consistido básicamente en facilitar el acceso, su señalización y seguridad. También se han diseñado y elaborado dos carteles interpretativos que se han colocado en el casco urbano, en dos puntos donde pueden visualizarse restos de la construcción; y un hito interpretativo, que permitirá descargarse toda la información histórica existente y también la información interpretativa sobre la imponente vista panorámica que se disfruta desde la elevación donde se ubica el castillo.

Porque este es otro de los puntos fuertes del proyecto, su potencial como mirador, ya que el paisaje que se puede contemplar desde el cerro domina todo el municipio y una gran vista del todo el tramo medio del Ebro, permitiendo disfrutar todos los elementos propios del paisaje ribero, los campos de regadío, las vegas y sotos, junto a las planas de Montes de Cierzo, el Sistema Ibérico riojano y la silueta omnipresente del Moncayo.

Además se ha elaborado un folleto divulgativo, del que se han editado en papel 1500 ejemplares, pero que estará a disposición de todos los interesados de forma telemática.

Otro apartado importante de los trabajos ha sido los distintos puntos de excavación realizados, que han permitido profundizar en el conocimiento de este elemento del patrimonio histórico arguedano y navarro, bastante desconocido hasta el momento, tanto en lo que se refiere a su origen, como a los elementos que los formaban de forma precisa. Los técnicos responsables de la actuación han realizado un informe con los resultados obtenidos, y a su vez, detallan propuestas de los pasos a seguir en el futuro para continuar con la recuperación y puesta de valor de la fortaleza.

Así mismo, se ha aprovechad la presencia de los técnicos para dar a conocer entre la población local la existencia del Castillo y el avance de excavaciones y trabajos y se han ofertado todos los jueves de los dos últimos meses vistas guiadas para las personas interesadas, que han tenido una gran aceptación; y que han culminado con una última visita guiada el sábado 6 de abril, tras la que se procederá al sellado de las excavaciones realizadas para evitar posibles daños.

Plano del Castillo

INFORMACION ADICIONAL

EL CASTILLO DE ARGUEDAS (S. XI-XVI)

El topónimo.

El lugar es conocido como “Balcón de los Moros” o “Balconico de los Moros”  con clara alusión a su visión dominante sobre el pueblo y su entorno “balcón” y como es habitual en muchos yacimientos arqueológicos de nuestro país, la cultura popular, les atribuyó un origen y explicación que los remonta al periodo andalusí, a los “moros”, sea cual sea su verdadero origen. Aún por demostrar, es posible que el imaginario popular no errase en este caso, al relacionar el lugar con “los moros”.

El enclave.

En relación con su función defensiva el solar elegido para el castillo tiene un alto valor estratégico y visual. Situado sobre un cerro, por una parte los escarpes naturales y los barrancos laterales dificultan el acceso y por la parte más vulnerable excavaron sus constructores un foso artificial (límite NE) que lo aislaba y dejaba perfectamente protegido. Esa posición destacada, le permitía el dominio visual que facilitaba la vigilancia de su entorno y cualquier movimiento de tropas y el contacto visual y comunicación por señales con otras fortalezas y atalayas ante cualquier alarma.

Origen y evolución de la fortaleza.

El origen de esta fortaleza hay que vincularlo a que estas tierras se situaban en la frontera entre el territorio musulmán de al-Andalus y el reino cristiano de Pamplona. En 1084, reinando Sancho Ramírez se reconquistó Arguedas. Al ser reconquistada para el reino cristiano debemos pensar que ya existía como núcleo islámico vinculado a la medina de Tudela. No obstante, el topónimo Arguedas no aparece citado en las fuentes geográficas e históricas islámicas del periodo omeya (siglos VIII-X) que sí aluden a Valtierra (Baltirra o Baltiyarra), Murillo (Mawril), Bardenas (Bardina).

Después de 1084, Tudela y su avanzada de Valtierra quedaron estratégicamente rodeadas por un poderoso dispositivo de plazas fuertes cristianas: Funes, Peralta, Falces, Arlas, Caparroso, Ujué, Rada y Arguedas a las que en 1098 se sumaría Milagro (Miráculo, mirador u observatorio) con el fin de vigilar los posibles movimientos de tropas desde la medina de Tudela, hasta su conquista en 1119.

La importancia del castillo a lo largo de la Edad Media fue creciendo, siendo considerado en la Baja Edad Media uno de los castillos mayores del reino dado su valor estratégico en la defensa de las fronteras del sur, frente a los reinos cristianos vecinos y teniendo en cuenta los salarios que recibían sus alcaides que eran de los más elevados.

Funciones del castillo

Los cometidos de los castillos fueron múltiples, siendo el esencial el de servir de enclaves defensivos, dentro de un sistema y red que abarcaba todo el reino, con especial importancia en las zonas fronterizas y en periodos de guerra. El alcaide y su guarnición defendían la plaza  que en caso de guerra o peligro servía como lugar de refugio para vecinos y comarcanos con sus pertenencias, víveres y ganados. Fueron puntos de comunicación por medio de señales visuales (espejos, banderas,  fuegos y humos) desde las cimas de sus torres con otras fortalezas de la red para avisar de peligros. Centros económicos que organizaban la producción y que recibían el excedente como impuestos (depósitos del trigo de recepta o pan del rey) y cobraban servicios como el molino, horno, peajes de caminos y puentes… Prisión de malhechores, lugares de ejecuciones para condenados a muerte,  prenda o garantía de pagos y dotes en matrimonios reales  entre distintos reinos,  archivos de documentación real, lugar de reunión de cortes, residencia real o de altos personajes.

Construcciones documentadas

Para las funciones citadas, el castillo debía albergar distintas construcciones y estancias que dieran protección y servicio al alcaide, tropa y personal y posibilitasen el acopio y almacenaje. Estos elementos del castillo, arrasados y soterrados en la actualidad, quedan recogidos, directa o indirectamente, en la documentación de los siglos XIV Y XV de las obras y reparaciones de reconstrucción o mantenimiento y nos permiten vislumbrar su aspecto. Como construcciones castrenses son citadas:  varias líneas de defensa con sucesivas puertas (puerta hacia Bardena), puerta falsa o poterna, defensa exterior o barbacana (hacia Valtierra, hacia Bardena), torre mayor o del homenaje, torres menores o viztorres (torrecillas o torres chicas) al menos cinco , las más comunes de planta cuadrada o rectangular pero al menos una fue cilíndrica, de planta redonda. Muros o murallas, andamios, antepechos o merlones y almenas, patio de armas, porche. Estancias de habitación: casas y palacio, sala mayor con chimenea y cocina.  Construcciones de servicio: bodega subterránea o celleiro, capilla o iglesia, cárcel, establos, granero, horno y aljibe para el suministro de agua (aljup) del que se conserva la estructura subterránea.

La realización de las obras

Por lo general las obras se encargaban a maestros residentes en la comarca. En la Ribera son frecuentes los nombres de moros e incluso judíos como maestros yeseros, carpinteros y albañiles.  En castillos situados en villas se buscaba entre los que trabajaban en el vecindario por cuestiones de rapidez y economía. Solía existir una fuerte vinculación de la gente del pueblo para trabajar en un castillo que era su defensa. Los pecheros y labradores de las distintas villas y valles estaban obligados a trabajar en las obras de fortificación por el fuero local o general, bien como braceros o peones, o bien en el acarreo o transporte de  materiales hasta pie de obra.  En las obras de este castillo realizadas en 1385, está constatada la participación de hombres y mujeres en las labores de acarreo de piedra, madera, tierra y otros materiales, con una discriminación en el sueldo de ellas respecto al de los varones.  Estos peones podían recibir remuneración o ir por la manutención (a costa o conducho o pan de almut), también recibir otro tipo de compensación como deducciones de alguna contribución o renta real (uso de horno, molino…)

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